martes, 14 de abril de 2015

Sanando a través de los mandalas...


Lo que más me gusta cuando dibujo un mandala es no saber qué figura saldrá al final. Simplemente me pongo la hoja de papel en blanco delante, cojo el compás, la regla (o los moldes que uso para dibujar circunferencias) el lápiz y la goma de borrar y comienzo a dibujar. Al principio, son líneas y círculos. Círculos y líneas. Divido la totalidad en partes para crear algo nuevo que espero que sea más bello que lo que había antes, pero ¡qué difícil es crear algo más bello que la infinitud de posibilidades que da una hoja de papel en blanco!

Empecé con un lienzo circular hace unos meses, lo puedes ver aquí. No había dibujado nunca un mandala así que me dejé llevar con la técnica con la que me he sentido más cómoda pintando últimamente, los acrílicos. Cuando empecé a colorear, me fijé en la dificultad que implica esta técnica para pintar algo tan preciso, así que cuando pasados varios meses me volvió a venir la necesidad de dibujar un mandala, probé con otra técnica. La acuarela y tinta.

De pequeña insistían en que aprendiéramos a pintar sin salirnos de las líneas. A pintar sin dejar borrones. Y yo siempre he dibujado rápido. En clase, si a mí un dibujo me costaba una hora hacerlo a mis compañerxs cuatro. Creo que dibujo rápido porque me impaciento en querer ver el resultado. Y a veces, pinto rápido porque me pasa igual que cuando leo las cartas del Tarot, me viene mucha más información de la que podría plasmar yendo despacio. Así que lo de la buena letra lo perdí por el camino.

Estos días, he pasado por una situación que estoy necesitando sanar. Y dibujar y pintar mandalas ha sido la única manera de mantenerme cuerda. Y pintaba rápido. ¡Oh, vaya si pintaba rápido! Y emborronaba con mis manos lo que antes con tanto cuidado había intentado plasmar con la caña o con el pincel. Pero al final, no me ha importado. Porque los borrones son como la misma vida. Son circunstancias que ocurren, que no puedes evitar. Y si lo miras con malos ojos, serán circunstancias horribles, pero si los miras con buenos ojos, no lo serán tanto. Los borrones son lágrimas omitidas y mi fuente está llena de cosas, experiencias, personas, momentos, maravillosos. Es por eso que cuesta tanto acceder a ella.

Y, nada, sólo quería explicarte por qué he estado ausente. Quizás lo esté durante un poco de tiempo más. Pero no te preocupes, porque cada vez que veas que he puesto en Instagram un mandala nuevo, sabrás que estoy más cerca de volver y estar contigo al cien por cien.

Namasté.
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