viernes, 21 de noviembre de 2014

Mi primer Mandala


Un día, estaba de compras y vi un lienzo circular. No sé si soy a la única que le pasa, supongo que a más personas que pinten les pasará, pero siempre que en alguna tienda especializada llego a la sección de lienzos, tenga o no tenga en casa siempre me paro a mirar los precios, tamaños, si hay alguna novedad... Pues bien, ese día me encontré el lienzo circular y automáticamente pensé "Qué puedo hacer yo con esto". Y me vino a la mente algo como "puedes hacer algo rollo mandala" y pensé, "vale, pues voy a probar". Sinceramente, no tenía ni idea de qué era un mandala. A ver, sí... sabía que son dibujos que la gente pinta para meditar, pero poco más sabía. Incluso mi intención primera, no era hacer un mandala, sino "algo" de ese estilo, de esa forma.

Al llegar a casa, casi inmediatamente me puse a buscar información sobre los mandalas, y descubrí que en este tipo de meditación, lo ideal es empezar un dibujo y terminarlo en el mismo día, es un poco como trabajar con la energía que se mueve en un sólo momento. Y pensé: "hala, pues qué faena... porque es imposible que ahora que por las tardes hay tan pocas horas de luz, empiece a dibujar el mandala y lo pinte con acrílicos" (Y menos mal que trabajo con acrílicos, que son de secado rápido, si llego a trabajar con óleos... necesitas una eternidad para que se vayan secando).

Mi desilusión, duró poco, pues pensé que qué más daría si lo pintaba en un día, en dos, o en tres o en los que necesitara, pues no iba a hacer un mandala, sino algo rollo mandala (quien no se consuela, es porque no quiere). Y, aunque ya era tarde, empecé a dibujar. A los dos días (cuando tuve tiempo) empecé a pintar... y estuve como una hora o así, acostumbrada a pintar con "pincel gordo", el trabajo meticuloso de pintar algo con tantos detalles me resultaba pesado. Al día siguiente, saqué otra horita... y estaba encantada. Porque aunque no estaba pintando "un mandala", el dibujo, la pintura, el estado meditativo en el que entraba... me estaban liberando de energías que yo sé que ya no necesitaba.

Coincidió en que estaba en plena etapa reflexiva (estoy trabajando las fases de la Luna Roja, con el libro de Miranda Gray) y, la verdad, entre que en esos momentos me resulta mucho más fácil meditar y el propio "algo parecido a un mandala" conseguí estar en estado meditativo durante bastante tiempo. El tercer y último día, ya estuve toda la tarde pintando, sin a penas cansarme y gozando cada pincelada, sacando cada energía que no necesitaba, renovándome con cada respiración y trazo.

¿Qué conclusión saco de todo esto? Pues bien, que hacer las cosas a tu manera, no tiene por qué ser malo aunque no sea lo que la mayoría dicte.

¿Y tú? ¿Eres de lxs que pintan mandalas?

Namasté.

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