viernes, 1 de noviembre de 2013

Feliz Año Nuevo, Feliz Samhain.

Cada inicio de año es diferente. Y éste, para mí, es el más diferente de todos. Es mi primer Samhain lejos del hogar materno, lejos de las tradiciones, lejos del cementerio. Siempre había asociado el día uno de noviembre con el cementerio, las flores, las visitas a mis ancestros. Pero este año estoy lejos de la tierra que cobija los huesos de mis seres más queridos y venerados. Es especial, porque aunque esté lejos, los siento tan cerca como cuando estaba allí, frente al mármol, frente a las flores, sobre las losas, en los jardines con vistas al mar.



Tenía secreta esperanza de albergar nuevas tradiciones al estar aquí, nada más lejos de la realidad. Nos faltó tener un horno donde cocinar los típicos “panellets” o un fuego donde asar castañas.


Tenía secreta esperanza de empezar una nueva tradición, basada en mis creencias, pero aún no estoy preparada. No es fácil ser un brujo solitario, lejos de un coven que te enseñe, que te transmita, que te muestre cómo celebrar algo que nunca has celebrado y que no sabes cómo se celebra. En estos casos me doy cuenta de que sólo leer en los libros, empaparse de secretos, propiedades de las plantas y las rocas, de significados de una baraja o de un alfabeto no es suficiente.

Y al final, cuando ya no sabía qué hacer, la llamada de una amiga diciéndome “voy a hacerme la tirada de Samhain” y yo “gracias, ni siquiera había pensado en eso”. Y un tiempo de reflexión, de hojear en las cartas, de vislumbrar lo que me espera este nuevo año. Un tiempo de sonreír, de compartir con esta amiga la felicidad de lo que las cartas me han mostrado. Y saber, que pese a que no he realizado ningún ritual, ningún hechizo, nada “especial”, estoy empezando el año de la mejor manera que existe, con buena compañía y mucha alegría. Eso es lo único que quiero y que necesito.

¿Cómo has empezado tu nuevo año Brujo tú?


Namasté.
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