viernes, 11 de octubre de 2013

Aprende a relajarte.

Como bien sabéis, los beneficios de la meditación son cuantiosos, así como también lo son los de la relajación del cuerpo. Durante mucho tiempo, he realizado meditaciones guiadas, puesto que al principio me costaba muchísimo relajar mi cuerpo; es más, creo que sencillamente no sabía cómo hacer para que mis músculos se relajaran. Seguramente os sonará aquello de “quiero relajarme, estoy demasiado aceleradx” y, sin embargo, en vez de tomarnos un tiempo de auténtico relax (porque tumbarse sin ser consciente, no es relajarse…) seguimos con nuestras rutinas diarias.



Me gustan las meditaciones guiadas, porque me inducen a un placentero estado de autohipnosis. Y digo “autohipnosis” porque aunque la grabación esté hecha por otra persona, con otra voz que no es la mía, soy consciente de que soy la única persona en la habitación en ese momento, por tanto, sé que mi cuerpo y mi mente no harán nada que pueda perjudicarme, me entrego a la sabiduría ancestral de mi cuerpo, mente y espíritu, por lo tanto, es como si me autohipnotizara.

 He hecho meditaciones de muchos tipos, está la de la luz que va cayendo desde tu cabeza hasta los pies, está también la que te va llenando de los colores del arco iris, hay también algunas que te regresan a tus vidas pasadas (aunque yo siempre me duermo antes de llegar a ese punto…) y, con el tiempo, con el paso de los años, al final he aprendido a relajarme. Oh, sí, a relajarme. Así que, cada noche antes de dormirme, me relajo. Y os voy a contar cómo lo hago.



Estando tumbada en la cama, enfoco mi atención a mi cuero cabelludo y pienso “relajo mi cuero cabelludo”, después enfoco mi atención en mis ojos y pienso “relajo mis ojos”, entonces, enfoco mi atención a la mandíbula y pienso “relajo mi mandíbula” y simplemente voy bajando… después relajo mi cuello, mis hombros, mi espalda, mis brazos y manos, mi pecho, mi vientre, las caderas (y como soy mujer, también me enfoco en mi útero), relajo mis piernas y pies para finalizar.

Como veis, es una técnica bien sencilla que no requiere mucha memoria ni capacidad de visualización (sólo tienes que recordar las partes de tu cuerpo…) cuando siento tensión en alguna parte en especial, me enfoco durante más tiempo en ella, hasta que noto que el dolor y/o la tensión disminuyen. Cuando llego a los pies, me repito varias veces “estoy completa, total y absolutamente relajada”. Y así, con un ejercicio tan sencillo, consigo relajar mi cuerpo en mucho menos tiempo del que me llevaría hacer una meditación guiada completa.



Si bien es cierto, no se consigue el mismo estado de relajación, pero los días que tengamos menos tiempo, o no estemos especialmente tensos, puede servir perfectamente.

Espero que lo probéis y si gustáis me podéis dejar algún comentario con vuestras experiencias.

Namasté.
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